Entre otras, una de las pruebas más duras y despiadadas que deben afrontar es la carrera de chicles, en la que en cada pie de los pequeños brownies se pega un pegajoso y parsimoniosamente masticado chicle rosa sabor fresa y se insta a los aspirantes a correr en pos de un caracol resfriado... todo un espectáculo no apto para cardíacos.


